5 TIPS PARA UN

MATRIMONIO SÓLIDO

BY ANNA LUCÍA ACOSTA

Uno de los mayores retos del matrimonio es comprender que el amor se construye en lo cotidiano, en la suma de los pequeños momentos del día a día. No vive solo de instantes espectaculares, cuando todo marcha bien, el dinero alcanza y el romance aún es nuevo. El amor verdadero se manifiesta en la rutina, se elige incluso con cansancio, en medio de los problemas, porque más que un sentimiento, el amor es una voluntad: una decisión que se renueva cada mañana.

 

Lo primero es no comparar tu matrimonio con ningún otro; ni con el de tus padres ni con el de tus amigos. Cada matrimonio es único. Las redes sociales nos invitan constantemente a mirar lo que otros tienen, lo que creemos que nos falta o lo que desearíamos vivir. Cuando dejamos de admirar a nuestro cónyuge y lo que hemos construido juntos, se abre paso la crítica y la decepción. Aparecen el resentimiento, las dudas y la tentación de buscar la salida. Nuestro matrimonio será lo que decidamos hacer de él: somos protagonistas de nuestra historia, no actores de reparto.

 

Lo segundo es aprender a pedir lo que necesitamos y deseamos. Muchas veces las cosas no funcionan porque nos sentimos heridos, ignorados o molestos, pero guardamos silencio. Las conversaciones incómodas son necesarias en una relación sana. No podemos asumir que el otro

sabe lo que nos duele o nos preocupa. Los problemas que no se hablan no desaparecen, se agravan. El orgullo suele callarnos y nos hace pensar que es el otro quien debe cambiar. Una pareja sana busca soluciones, no culpables, y no exige aquello que no está dispuesta a ofrecer.

 

Tercero, el matrimonio es un equipo. Un equipo que avanza unido, sin rivalidades ni egoísmos. Ambos sudan la camiseta, entendiendo que habrá temporadas en las que uno tendrá que esforzarse más que el otro. Se apoyan, se animan, se motivan. Enfrentan los problemas juntos y,

cuando discuten, procuran reparar pronto. No se castigan con el silencio ni hablan mal del otro con terceros. No les interesa ganar individualmente, sino crecer juntos.

 

Cuarto, los matrimonios sólidos se sostienen en la confianza. Se sienten seguros el uno con el otro. No ocultan, no mienten. Ponen límites claros a todo aquello que pueda alejarlos física o emocionalmente. El cónyuge es prioridad, pero sin perder la individualidad: respetan los espacios personales, los intereses propios y buscan crecer también como personas. , lo cual enriquece la relación, profundiza las conversaciones y da mayor plenitud a la vida en común.

 

Quinto, los matrimonios felices se demuestran el amor. Cultivan rituales que los mantienen unidos y les recuerdan cuánto se quieren. Se preocupan genuinamente por el bienestar del otro y procuran su felicidad. Un matrimonio sólido cuida el buen humor y, aunque reconoce que la

rutina es parte de la vida, la salpica de momentos especiales y se dedica a construir recuerdos compartidos.