Ana Elena Ibarra

y Daniel Álvarez

Amor, trabajo y complicidad

¿Cómo se conocieron y en qué momento sintieron que su relación podía convertirse en un proyecto de vida?

Nos conocimos en un bar aquí en Tegus; fue una química instantánea. Eso de when you know, you know.

¿Qué les motivó a trabajar juntos y cómo tomaron esa decisión como pareja?

Fue algo a lo que no le pusimos mucha mente. Teníamos cinco meses de novios cuando decidimos abrir Kitos. Vimos la oportunidad y la tomamos sin dejarnos llevar por el miedo de lo que podría pasar.

¿Cuál dirían que es su principal fortaleza como equipo dentro del ámbito laboral?

Nos complementamos; ambos tenemos distintas fortalezas y de esa forma hacemos buen equipo. Aunque no lo crean, David es la mente creativa detrás de Kitos y yo me encargo de aterrizar y ejecutar sus ideas.


¿Qué fue lo primero que admiraron el uno del otro y qué admiran hoy, con el paso del tiempo?

David es una persona que no se deja llevar por el miedo. Su respuesta a las oportunidades que se nos presentan siempre es “démosle”. Anaelena es una superwoman: es una mamá increíble, emprendedora, tiene otro trabajo a tiempo completo y siempre encuentra tiempo para llenarnos de amor.


¿Qué momento los hizo sentirse especialmente orgullosos como pareja y como compañeros de vida?

Adrián Arturo, nuestro hijo, es nuestro mayor orgullo. No hay ningún logro que se asemeje a ser papás.


¿Cuál ha sido el reto más significativo que han enfrentado juntos y qué les ayudó a superarlo?

Ser pareja y socios es un reto constante. Hacemos un excelente equipo, pero eso conlleva mucho trabajo e inteligencia emocional. La comunicación siempre es clave.